Coleccionismo de Acciones y Bonos

El coleccionismo y estudio de certificados de acciones y bonos antiguos, sin valor de mercado, se denomina escripofilia, del inglés ‘Scripophily’. El término, que viene del inglés ‘scrip‘ (derecho de propiedad) y del griego ‘philos‘ (amor a), fue acuñado por la primera asociación de coleccionistas de acciones y bonos antiguos que surgió en los años 70 en Inglaterra.

Las propiedad de participaciones o acciones en empresas es bastante antigua. Se sabe que hace al menos 2.000 años ya existían compañías en Roma, que eran entidades legales, y que poseían gran cantidad de esclavos. Durante la República el estado ‘externalizaba’ muchos de sus servicios a empresas privadas llamadas publicani o societas publicanorum, que emitían acciones llamadas partes o particulae, que eran básicamente como las acciones que conocemos hoy en día. Se sabe además por Cicerón o Polibio que muchos habitantes de Roma poseían particulae en estas empresas e incluso que el valor de estas fluctuaba.

En el siglo X en el puerto italiano de Amalfi los negocios marítimos se dividieron en acciones que se podían comprar y vender, y esto se convirtió en la forma habitual de financiar empresas marítimas y viajes en toda Europa.

En el siglo XII se negociaban Bonos del Estado en Venecia y se creó en Toulouse, Francia, la primera Sociedad por acciones de Europa, la Compañía de Molinos de Bazacle, fundada por los ciudadanos de la ciudad para compartir la utilización de una serie de molinos instalados en la zona de Bazacle para procesar el trigo recolectado en la planicie de Toulouse y obtener harina.

De finales también del siglo XIII, en concreto del 16 de Junio de 1288, data la primera transacción de acciones de la que se tiene evidencia física, cuando el Obispo de Västerås adquirió un 12,5% de la compañía minera y maderera Stora en Suecia.

También del siglo XIII proviene la palabra ‘Bolsa’ con un significado parecido a lo que hoy conocemos como ‘Bolsa de Valores‘, cuando los comerciantes se reunían en un edificio en Brujas propiedad de la familia Van Der Büerse para realizar intercambios de valores, bienes y productos. El volumen importante de transacciones llevó a los habitantes de la ciudad a llamar al edificio «Büerse«, Bolsa.

En los siglos XIV y XV se fundaron en Italia los primeros bancos con su capital dividido en acciones y las acciones de compañías mineras en Alemania y bonos municipales en Francia se compraban y vendían en mercados. Y en 1460 se funda la primera Bolsa de Valores moderna en Amberes, siendo la de Amsterdam la segunda al convertirse la ciudad en el centro del comercio mundial.

En el año 1600 se crea la primera Sociedad Mercantil moderna, la East India Company (Compañía de las Indias Orientales), en Inglaterra, que llegó a dominar la mitad del comercio mundial y controló los comienzos del Imperio Británico en India. Dos años después, en 1602, se creó en Holanda la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC – Verenigde Oost-Indische Compagnie), siendo la primera compañía en emitir acciones negociables en la Bolsa de Amsterdam.

Precisamente es de la VOC el primer certificado de acciones conocido, fechado el 9 de Septiembre de 1606, y que fue encontrado accidentalmente en 2010 por un estudiante de historia de la Universidad de Utrecht. La fecha del certificado es el día en el que Pieter Harmensz pagó el último plazo de su inversión de 150 guilders en la VOC.

Desde entonces miles de compañías han emitido certificados tanto de acciones como de deuda en sus diferentes modalidades -Acciones ordinarias, preferentes, warrants, bonos, etc… – Cada certificado es una pieza de historia sobre la empresa, su negocio, su sector, su ciudad y país y su desarrollo económico. Unas tuvieron éxito, otras lo fueron hasta que fueron reemplazadas por nuevas tecnologías, otras fueron adquiridas por otras empresas, otras simplemente quebraron.

Los certificados de acciones y bonos coleccionables más antiguos datan de finales del siglo XVII, principalmente de Inglaterra, Francia, Italia y Holanda. Hay muchos del siglo XVIII, casi todos de esos países más España, Portugal, Bélgica y Estados Unidos, mientras que la mayor parte de los certificados que se pueden encontrar hoy son de 1800 a 1940s y partir de los años 70, con la llegada de los sistemas informáticos y la desmaterialización de los títulos, los certificados físicos van siendo reemplazados por medios electrónicos.

La escripofilia es algo más que acumular certificados. Los coleccionistas de acciones y bonos hacen mucha investigación para saber más de las empresas que los emitieron y su contexto económico, cuando fue creada, cual era su actividad, su expansión, etc. El hobby es tan extenso que normalmente los coleccionistas se concentran un tema en concreto como el desarrollo y expansión del ferrocarril y tranvías, las minas, los bancos, automóviles, la colonización,…

Además de esta especialización, es común coleccionar certificados de una región o país concreto, certificados decorativos o con firmas de personajes famosos.

El valor de un certificado viene determinado por la oferta y la demanda, y esta a su vez viene influida por distintos factores que lo hacen más o menos buscado por los coleccionistas. En general a mayor antigüedad, rareza, belleza, estado de conservación y significancia histórica más demandado estará por los coleccionistas y por tanto más valor tendrá el título.

Belleza

Algunos títulos están profusamente decorados con escenas o viñetas, hasta el punto de que se podrían considerar obras de arte. Muchos coleccionistas y no coleccionistas quieren enmarcar los certificados para decorar su casa o su oficina por lo que buscan este tipo de certificados.

Antigüedad

La mayoría de los certificados en el mercado son de los siglos XIX y XX, aunque hay material de hasta el siglo XVII. La antigüedad añade interés histórico e incluso rareza, ya que puede que menos ejemplares hayan sobrevivido. Además la antigüedad es relativa al momento en que comenzó la tecnología o industria en concreto. Un certificado de una empresa de aviación de 1910 es antigua, mientras que una de ferrocarriles de ese mismo año no lo sería.

Rareza

La rareza no siempre implica más valor, puedes tener la única acción conocida de la panadería de tu pueblo del siglo XVII, pero si no le interesa a nadie su valor será más bien poco. La rareza viene determinada por el número de certificados emitidos, su cancelación y su antigüedad. Puede ser que se emitieran miles de certificados pero fueran luego amortizados o canjeados por otros y por tanto solo existan los que fueron olvidados.

Emitido o no

Aunque muchos coleccionistas suelen considerar que si un certificado no estuvo en circulación tiene menos valor algunos certificados como los «specimens» o «pruebas» suelen estar en perfecto estado de conservación y estar más valorados y demandados que certificados que sí fueron emitidos.

Los «specimens» eran certificados en blanco que se entregaban al emisor o a los agentes como ejemplo y que éstos utilizaban para validar por comparación la autenticidad de los certificados posteriormente emitidos. Las «pruebas» era eso, pruebas de impresión que por lo general eran destruidas en el momento aunque algunas pueden haber sobrevivido.

Conservación

Existe una clasificación estándar en el mundo de la Escripofilia para indicar el estado de conservación de los certificados, que a veces puede llevar a equívocos:

UNC (Uncirculated – Sin circular): Como si acabara de salir de la imprenta, sin ninguna falta, doblez o marca.
EF (Extremely Fine – Extremadamente Bien): En estado casi perfecto, con signos de haber sido manipulado casi imperceptibles.
VF (Very Fine – Muy Bien): Con leves signos de uso como dobleces, deterioro en los bordes, pequeñas descoloraciones,…
F (Fine – Bien): Evidentes signos de manipulación como pronunciadas dobleces, pequeñas partes ausentes en los bordes, alguna mancha,…
VG (Very Good – Muy Bueno): realmente dañado, muchas dobleces, le faltan partes importantes, etc…
G (Good – Bueno): mal estado de conservación.
F (Fair – Adecuado): muy mal estado de conservación.

Por lo general, solo en casos muy concretos y de extraordinaria rareza o antigüedad querrás un título con un estado de conservación VG (Very Good) o menor.

Significancia Histórica

Por lo general certificados de los Estados Confederados de América, la Compañía del mar del sur, las compañías de las indias orientales o las empresas coloniales españolas son bastante demandadas.

Así mismo serás más valorados títulos de las primeras emisiones de empresas de ferrocarril, coches o aviación que de otras posteriores.

Firmas autógrafas

La firma autógrafa de un personaje histórico es sin duda el factor que más valor añadirá a un título. Por ejemplo la firma John D. Rockefeller en un título de Standard Oil o la de Johann Strauss en uno de la Ópera de Viena.

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